miércoles, 4 de diciembre de 2024
Leal
viernes, 18 de noviembre de 2022
Tú
Hay canciones que llevan tu nombre,
como estribillo escondido,
como ritmo que detrás de las rimas,
como frase,
como acorde.
Y las escucho y tú,
toda tú,
estás presente.
Tu cuerpo siempre fue de luz.
Deseo de luz,
fuego dulce
pero violento,
como el ardor del vino en la garganta.
Y yo no puedo concebir,
no puedo creer que ese ato de luz de tu cuerpo,
te haya traicionado.
No puedo creer que fuego se apague,
que el vino se seque sin consumirse la botella.
No puedo creer que tú, con toda tu luz,
no existas ya aquí, en esta tierra.
miércoles, 10 de agosto de 2022
Comerse el mundo
Siempre he querido comerme el mundo. Cuando uno tiene 20 años eres como una ballena: puedes abrir la boca gigantesca y tragarte todo, acelerado el cuerpo mamífero por su peso inmenso, nada puede detenerlo, poderoso, el cuerpo juvenil puede con todo: tragarse el mundo, los libros, las tareas, los cursos, las eternas noches sin dormir y el sexo interminable con los labios embelesados de cigarrillos.
Es vergonzoso, patético de veras, como la edad nos convierte de ese ser que surfeaba la vida con toda gracia, en pequeños seres que se arrastran lentos en la tierra: los horarios, los pagos, las citas médicas; los hijos.
He llegado a la edad, sin embargo, en la que no puedes ya ni abrir la mandíbula: eliges tus batallas. Te defines por las decisiones, por tus gustos, porque casi literal cuentas con tan solo dos o tres segundos libres: no puedes dedicarlo a todo. La vida se vuelve una suerte de colador pequeñito -como esos que usan en Turquía para servir el té- en los que puedes cachar acaso tres cosas: una película en la noche, los viernes, un libro de poesía en los quince minutos de espera a que hierva el agua, lavarte la cara y los dientes antes de dormir. El cuidado personal se vuelve incluso un hobby. Incluso hacer el amor en la noche, debe de ser planeado con cuidado secretarial.
domingo, 23 de noviembre de 2014
Adoptar un extranjero
Normalmente los extranjeros emigrantes nos adoptamos los unos a los otros. Y allí están mexicanos adoptando colombianos, argentinos adoptando mexicanos, ingleses adoptando afganos...Porque los extranjeros que recién llegamos a un país a residir por más de unos meses, somos los solitarios; formamos parte de ese extraño fenómeno de los desarraigados; los que perdimos el arraigo y no tenemos a donde asirnos; no hay tíos y abuelos para desayunar los domingos, no hay amigas para el cafecito de la tarde, no hay conocidos por conocer un poco más, no hay colegas ni compañeros de estudios: no hay nada del background que normalmente construye a una persona. Porque como persona somos nosotros mismos, individuos hechos pero somos también esa delicada y transparente red de quienes nos rodean; nuestra familia, nuestros amigos, las personas que han pasado en nuestra historia. A veces tienes suerte y llegas a vivir a un país de la mano del amor y eso ayuda porque te adopta un poco la familia de tu pareja. A veces tienes suerte y eres estudiante y caes en un ambiente que te acoge. A veces no tienes suerte y aunque seas estudiante o casada caes en un pueblo donde simplemente hay puras vacas... A veces no puedes ni hablar el idioma y tu propia boca se convierte en cajita de cristal con cerradura.
El inmigrante es, sin embargo, inmensamente libre e inmensamente solitario. Cuando te mueves a otro país a vivir no sólo tienes la oportunidad de reinventarte todo; de empezarte de cero, sino que también tienes que reconstruirte: es el momento indicado para cambiar de peinado y de ideas sin que nadie diga "qué le paso a tu cabello... o a tu cabeza".
Cuando tienes suerte el ambiente es propicio para reconstruirte y la gente también: por ejemplo, donde todos somos extranjeros nos reconstruimos los unos a los otros, nos apoyamos y nos contamos nuestros nuevos cuentos de grandeza... pero qué soledad hay siempre en nuestros gettos de inmigrantes, que isolación del verdadero país, de su gente y sus costumbres .
Claro, porque una cosa era construir nuestro pequeño nuevo background y otra era incluirnos en la nueva realidad del país al que llegamos. Y como no tenemos derecho de irrumpir en los "nativos" e obligarlos a amarnos, a mostrarnos la ciudad e incluirnos en su background (existente y fuertemente tejido, en sus casos), entonces tímidamente nos asomamos por las ventanas a la realidad social como niños en hospicio. Así que los nacionales, las más amables y las menos hostiles, pasan a nuestro alrededor sonriendo, haciendo algunas preguntas amables y luego siguiendo sus vidas, sin pensar cuánto y cómo sufre quien quiere ser adoptado...
Mis amigos adoptados saben de lo que hablo: un día te encuentras a un nativo del país que te adopta. Alguien de corazón infinito que comprende que eres un desarraigado y que en tu emigración perdiste más que un país y un piso: quizás alguien que también haya vivido en otro país, o que comprenda las viscitudes de las culturas y los idiomas. Ese nativo te hará un hoyito regular en su agenda, te corregirá tus malas pronunciaciones, te enseñara, como quien abre una cajita de luz frente a un niño, los bemoles de su propia cultura. Y esa alma nativa que te adopta como un amigo real en la vida real te ancla por fin al nuevo país donde vives. Por supuesto que tus otros amigos extranjeros seguirán siendo importantes; serán quizás más íntimos, más cercanos porque también sabran la desazón que vives como emigrante pero ese amigo nativo será quién te arraige de nuevo a una nueva tierra.
Así que, si ven a un extranjero que necesite ser adoptado, si tienes espacio en el corazón y en la agenda; háganos la buena obra, que nosotros, los extranjeros, seguimos asomando la cabecita por el horfelinato.
miércoles, 13 de agosto de 2014
Y Sócrates estaba casado...o de sí, los filósofos también nos casamos
| Eros y Psique de Bouguereau |
Sentada frente a mí, Paulina me escuchaba atenta. Sus ojos no me veían porque veían en realidad mis palabras, desmenuzándolas, analizándolas y reordenándolas para sacarles una significación más profunda, esa significación que yo no podía o no me atrevía encontrar. Hablar con ella era la mejor manera de conocerme, porque cuando se habla con alguien a quien no se le esconden nada, termina uno confesándose secretos a sí mismo.
martes, 12 de agosto de 2014
La novia solitaria
martes, 29 de julio de 2014
Lepra
Sí
Somos la generación del gigante derruido
desmoronado
Inmenso que nadaba
en el agua cristalina
sin darse cuenta que poco a poco
se desmenuzaba
y las manos, las anchas espaldas,
los ombligos
flotaban por si solos
hacia la boca del río
Somos la generación del gigante
que al salir del agua
no sé dio cuenta que le faltaban las manos
los dedos
los ojos
Lo que llegó a la orilla
a secarse con el sol
fue tan sólo el amasijo de carne más interno
el estomago hipócrita
el insensato intestino
porque la piel se desmenuzo toda en el agua
Unos trozos
de epidermis
se quedaron
en pequeñas escuelas
de a 30 pesos la hora
y otros se fueron a meserear
en la frontera
y a escribir en servilletas
hermosos panfletos políticos
Algunas orejas
se atascaron en la tablaroca
de las oficinas
Ágiles y tibios
varios dedos
se perdieron en escuelitas rurales
en casas de henequén tejido.
Otros somos simplemente
los ojos
que decidieron ahogarse
en el agua
turquesa
de la juventud
no ver nunca más allá
y regocijarse
con bibliotecas que no saben de salarios
ni de préstamos
Ojos que se engañan
con la luminosidad de trabajos pagados por hora
y tardes vacías
Otros más, somos los labios
que flotando
cruzaron el charco
y se volvieron
lentamente
los sumos de arena
de otra costa.
Somos la generación del gigante
que mientras se bañaba en el agua
no vio a la lepra lamerle el lomo.
Y lo que llegó a la playa,
a secarse bajo el sol
fue tan sólo un amasijo de carne
informe.
domingo, 11 de mayo de 2014
Naim (o Geografía de los chasquidos)
Lunares
El lunar de mi boca no tenía nombre alguno
jueves, 24 de abril de 2014
Poetas
Tampoco es difícil,
es cuestión de mucha paciencia
de jalarle el humo a los cigarrillos
hasta el fondo
para que aparezca el rojo del fuego
que pa'pronto se convierte en ceniza.
Los que nos fuimos
somos los traidores,
los envidiados,
acaso,
que se llenaron
los ojos de mundo.
Los olvidados también,
los desconocidos
que no esperaron su turno.
lunes, 21 de abril de 2014
viernes, 18 de abril de 2014
Quizás nuestro amor era,
como esa arena que uno aprieta en el puño
para acarrear de un lado a otro de la playa.
Si lo haces rápido,
la arena se mezclará con toda la mar
y sentirás toda su grandeza.
Si tardas demasiado,
al contrario,
llegas a la meta
con las palmas vacías.
La bella Rusia
jueves, 17 de abril de 2014
Pastèque
J.Rojas
Engaño
Que a tí también te esperaba alguien.
No me hubiera replegado,
amor de un día,
te hubiera abrazo,
aún más complice.
Hubieramos sido
amantes más perfectos
sabiendo que
sinceros frente a frente
a alguien más
ambos mentíamos.
El ezan
Afuera Polifemo canta. Afuera canta el gigante de dios, y en el hogar, el niño que aún no tengo teme.
Un monde
Hay otro mundo donde yo no me detenía a mirar el Panneau de la cité universitaire y seguía de largo.
En ese mundo no te conocería, no sabría de la cercanía entre Kierkegaard y Rumi, ni sobre cómo la fenomenología se acerca al misticismo. En ese mundo había menos nostalgia y la Siria que se ve detrás era sólo eso. El país del otro lado del monte. La Maison du Maroc era tan sólo la puertita verde que daba a la avenida.
Simplificaciones más: significaciones menos. En ese mundo, yo no era yo. Era alguien que no te extrañaba.
Allí los sucesos se sucedían como tenía planeado. Aviones, con fechas extrañas, transbordes cansados, besos escondidos, pesadumbre. Allí tampoco tienes que ignorarme, ni temerme. Allí no hay tazas naranjas para el té, sino mil y un boîtes à confiture.
***
Hay un monde donde no me fui de París.
Hay un mundo donde yo no tenía razón para irme.
Y me quedaba a tu lado, para terminar odiándonos, en un mes o dos, como hubieramos hecho, lo sé, de haberme quedado en este mundo en el que vivimos.
Colecciono, sin embargo, los recuerdos posibles de ese otro mundo. Mis manos deslizándose por el borde de tu pantalón para que tu hicieras algún gemido sordo, grave, cobrizo. Mil y un desayunos de helva con hebras de queso salado. Mil y un días terminándose a las tres de la mañana. Mil y un conexiones más, de filósofos desconocidos. Cinco o seis palabras más en arabe, y voilà, c'est fini. A ese mundo, tendría más bien que llamarlo primavera; de esas que se acaban al final de mayo.
***
Hay un mundo donde yo no podía amar.
En ese mundo, no tenía que apretujarme el corazón con el puño de la mano. La historia sería otra, sería quizás la historia que toda mujer sin amor quisiera.
Allí no tomaría aviones ni cambiaría relojes de horario (al menos no tan seguido), allí sería esa que yo quería ser hace diez años.
Allí viviría menos, sufrirìa menos, sabría menos del dolor del mundo y estaría contenta.
En ese mundo, desde una pequeña oficina en alguna torre, escribiría, anhelante, la historia de una mujer que contestó un mail a alguien del otro lado del mundo y luego tomó un avión para jamás volver a casa. Y al terminar de escribir, annhelaría ser yo la de la historia.
***
También está ese mundo, en el que vivimos, y estamos, y del que no hay otro.
Aquí el tiempo es un monstruo que nos lleva en el lomo.
martes, 15 de abril de 2014
Bandera pirata
Fuimos piratas dos segundos, y con eso nos basto para tener la mala suerte del tesoro pérdido.
Pero él, él fue pirata antes: con quién y cómo, no lo sé, no sé por qué la bandera le provocó mala suerte, tanta que él mismo supiera que en la mar de cosas desperdigadas por el piso de su cuarto era la bandera la que traia el malheur.
